
"¡Penétrame!" Dijo desesperada. "¡Hazlo ya!" Me ordenaba alterada mientras se sobaba el cuerpo, la totonita húmeda, mientras me acercaba a ella, mientras tomaba mi miembro.
Era como una versión femenina de Shivá, sus manos iban y venían por mi espalda, jalaban mi cabello, atraían mis labios a su boca... Me mordía, me arañaba, se retorcía debajo de mi cuerpo, alzaba sus caderas para frotarlas en mí y vaporizaba su aliento cálido sobre mi piel...
Se comía mi polla con avidez durante los momentos que no se sobaba. Se movía rápidamente. Como una gata. A veces estaba encima de mí mamándomela y otras veces debajo, frotándose contra mi piel...
Sus mamadas eran magistrales. Su lengua gruesa y rugosa recorría todo el tronco desde las bolas hasta el frenillo y se detenía ahí, se recreaba en el hoyito, saboreando los jugos que expulsaba involuntariamente... Magdalena me comía todo y yo quería ser devorado...
La carajita tomaba mi pene con dureza y jugaba con él con crueldad, apretando más fuerte de lo normal, impidiendo la circulación de la sangre para liberarla luego en efluvios más placenteros...
Repetidamente 'besaba' la cabeza ensalivada por ella mientras abría los labios lo suficiente como para envolverlo apretadamente en su boca y luego, como una ventosa, creando un vacío frío, bajaba por todo él hasta meterlo muy dentro de su garganta... Juro que disfrutaba cuando, incluso, creaba reflejos de vómito... Le gustaba su sabor, eso era claro...
A veces solamente me masturbaba con sus manitos, coronadas en largas uñas pintadas de violeta, mientras hundía su naricita debajo de las bolas para lamer el espacio entre mis testículos y mi ano (y al descuido, el ano también)... De vez en vez, como si no fuera suficiente, succionaba con deleite (hasta torneaba los ojos ambarinos al hacerlo) testículo por testículo...
Así estuvo hasta que no pude más y descargué en ella... Mejor dicho, dentro de ella mi semen... Eso, me di cuenta al momento, no le agradó mucho, pero no hizo ademán de retirarse ni yo se lo permití, la tomé por el cabello obligándola a tragar...
"¿Ves lo que me haces, Magda?", le dije, "¿ves?", repetí aliviado pero no flojo. Y ella asentía mirándome fijamente, con algunos rizos cayendo fuera de mi mano en puño. Se veían lindos, casi tipo Lolita, esos rizos enmarcando su carita enrojecida... Sus fosas nasales abiertas y su pecho agitado...
"¿Me lo metes ya?", preguntó con la voz entrecortada, "necesito que me cojas, ¡dame duro por favor!", remató anhelante mientras se extendía sobre la cama, arqueando la espalda y sobándose la entrepierna, regando su viscoso flujo por sus muslos canela...
Allí me recreé largo rato. Comí. Lamí. Olí. Saboreé su concha como si fuera un amargo manjar, de fuerte olor, pero delicioso. Tan delicioso como ella. Pero no me provocaba penetrarlo con algún miembro distinto a mis manos o lengua.
Estaba, supongo, cansado en ese momento de las vaginas.
Mi precio era más alto y estaba cerca de 10 centímetros separado de la abertura. Allí, sequito y cerrado. Inocente de lo que iba a pasar. Así que disimuladamente lo empecé a lubricar con mi saliva y su flujo, alternativamente. Cuando estuvo preparado y yo ya estaba totalmente recuperado de la primera 'descarga', levanté una pierna de Magda al aire y le di vuelta, forzándola a cambiar de posición, de la misma manera que ella movía a su hermanito para untarle Crema Cero en el rabito antes de ponerle el pañal nuevo.
Así la volteé de espaldas a mí. La levanté atrayendo sus caderas, abrí sus piernas lo más que pude, cerré de nuevo en un puño sus rizos y estampé su cara en sus sábanas de flores. Ella soltó un gritito de excitación y su vagina se agitó a la vez que su ano me observaba impávido. Tomé en dos dedos un poco más de su flujo y lo unté en mi pene y en su culo.
En ese momento Magda se dio cuenta de hacia dónde iba y trató de zafarse, pero se lo impedí mientras coronaba violentamente sus nalgas. Los aullidos entre excitados y dolorosos sólo aumentaron mi violencia y así, con ella contorsionándose bajo mi peso y suplicando delicadeza, continué enfurecido, dándole nalgadas o apretando tanto hasta dejar mis uñas marcadas en su cuerpo o tomándola de los hombros o tetas como si fuera un potro salvaje, hasta que la descarga -más caliente y copiosa que la primera- le indicó a la putita de Magda que había acabado.
Mi semen le indicó que en esa cama, y fuera de ella, mandaba yo.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario