
Su vida empezó cuando la temperatura empezó a bajar. Poco a poco sus brazos empezaron a crecer con simetría y equidistancia del grano de arena sobre el cual decidió la naturaleza que él debería vivir.
Pasaron quizás doce semanas desde el momento en que inició su crecimiento hasta el momento en que fue liberado al mundo. Sus hermanos crecían en belleza igual que él. Pero la forma hexagonal de su cuerpo, sus ocho delgados y largos brazos más el brillo prístino que lo atravesaba lo hacían, entre ellos, uno de los más atractivos.
Con el tiempo, y conforme bajaba la temperatura, la solidez se fue apropiando de su cuerpo, haciéndolo inmutable y fuerte, preparándolo para la lluvia. Lo que más disfrutaba de su anatomía eran los millones de fragmentos en los cuales se refractaba la luz al atravesarlo, era quizás una sinfonía de color.
Cuando el copo de nieve notó que su cuerpo empezaba a pesar tanto que estaba a punto de caer se despidió de sus hermanos, todos distintos entre ellos, alzó sus brazos, pulió sus cristales de hielo, aguantó el aliento y se dispuso a caer junto a millones como él.
Transversalmente.
Poco a poco a la tierra, bañándola de blanco.
1 comentario:
La vida vista desde el ojo de un copo de nieve... jamás me habría parado a pensarlo... Interesante... Me gusta!
Publicar un comentario