
El Pastor Buenafuente es conocido por su firme moral y sus buenas costumbres. Desde muy joven el apuesto pastor escuchó el llamado del Señor y sintió el fuego de la vocación quemando sus entrañas. Tal fue el ardor, dicen las leyendas, que carbonizó cualquier apetito de carne que pudiera surgir de ellas, y esta fuerza permitió a Buenafuente soportar los avances de las pecadoras del pueblo al cual lo enviaron de servicio, impías mujeres que sólo buscaban quebrar la voluntad férrea de un verdadero hombre de fe. Sin embargo, a pesar de las frustradas intenciones era común reconocer, entre los habitantes de ambos sexos de este pueblo, que Buenafuente era con mucha seguridad un hombre hermoso, llamado a tentar al mismo diablo si era posible. Y así fue como un día, el diablo visitó sus aposentos para rendirse frente a él luego de que Buenafuente lo convocara para saciar su sed de pecado.
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