28 de julio de 2009

Minicuentos 2: Alegría


Sus largos cabellos castaños flotaban en el viento al compás de su baile improvisado. El sol colándose por la ventana abrillantaba su piel, coloreaba sus mejillas e iluminaba hasta la ceguera sus enormes ojos café. Los dienticos de la niña, desordenados en su boquita, y sus labios rojos creaban una sonrisa hipnótica. Los vuelos tafetán de su vestido dibujaban graciosas figuras mientras los encajes de las mangas marcaban sus bracitos conforme los alzaba al cielo. La paleta con la cual dibujaba tenía manchas de óleo que cortaban la monocronía del salón pintando rayos de colores al vuelo. Su voz cantarina la siguió hasta el jardín, adonde salió para seguir proclamando la libertad y alegría que todos los niños como ella poseen en su alma. Feliz, la princesita de su madre se lanzó en la hierba para seguir dibujando con su alma e imaginación gigantes en las nubes de azúcar. El cielo inmenso y limpio como ella.

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