28 de julio de 2009

Minicuentos 2: Alegría


Sus largos cabellos castaños flotaban en el viento al compás de su baile improvisado. El sol colándose por la ventana abrillantaba su piel, coloreaba sus mejillas e iluminaba hasta la ceguera sus enormes ojos café. Los dienticos de la niña, desordenados en su boquita, y sus labios rojos creaban una sonrisa hipnótica. Los vuelos tafetán de su vestido dibujaban graciosas figuras mientras los encajes de las mangas marcaban sus bracitos conforme los alzaba al cielo. La paleta con la cual dibujaba tenía manchas de óleo que cortaban la monocronía del salón pintando rayos de colores al vuelo. Su voz cantarina la siguió hasta el jardín, adonde salió para seguir proclamando la libertad y alegría que todos los niños como ella poseen en su alma. Feliz, la princesita de su madre se lanzó en la hierba para seguir dibujando con su alma e imaginación gigantes en las nubes de azúcar. El cielo inmenso y limpio como ella.

27 de julio de 2009

Minicuentos 2: La mácula


Empezó como un crujido, apenas audible. Parecía que la vieja casona de madera se quejara. Conforme subía el volumen de los lamentos una extraña oscuridad empezó a tomar su espacio en la mansión. Las luces de las velas eran más tenues en ciertos cuartos, en otros ya no representaban fuerza alguna en contra de la sombra. Parecía ésta llena de vida, incluso como si nos desafiara, casi como si tuviera cuerpo, uno invisible, allí, invadiéndonos. Poco a poco nos sentimos desplazados, refugiados en nuestra casa. La sombra ya era descarada, se postraba frente a nosotros como lo haría un perro guardián a los pies de su amo. Negados a abandonar nuestro lugar luchábamos contra ella, sin embargo su presencia era mayor que nosotros, nos abrumaba, nos extenuaba. Así, de a poco, con su paciencia infinita, pobló cada rincón, cada lugar, hasta que logró expulsarnos de nuestra vida, nuestra casa y nuestro cuerpo.

23 de julio de 2009

Minicuentos 2: Embrujo


Su nombre no importa. Lo que más recuerdo de ella es su pelo azabache apretado en ese moño alto que muchas de su raza llevan y el bamboleo afrodisíaco de sus caderas, amplias y generosas. Sus pechos enormes tratando de escapar del traje, sus manos largas y filosas, sus piernas de gacela y su baile pecaminoso. La gitana agita y restriega su cuerpo con la nada, con el morador invisible del aire que la lleva a danzar con fuego en sus entrepiernas, despertando a la vez el mío propio. Me altero, simulo compostura, pero su embrujo, su hechizo me enferma, me lleva al cielo y me hace caer al infierno, al recordar -cuando alza los brazos y castañetea- lo imposible de mi causa y el tiempo que ha de pasar para ver de nuevo a la gitana de la feria bailar sólo para mí.

22 de julio de 2009

Minicuentos 2: Surrendered


Ernesto es experto en el sexo. Disfrutarlo sin tabúes y dedicarse plenamente al placer de sus amantes, sean estos hombres o mujeres, es el mayor regalo que le da a quienes lo acompañan. Para Ernersto la más grande delicia reside en el cuerpo de ellos, su olor, sus movimientos, sus besos, su sabor, ellos son en sí el manjar más delicioso. Esta noche el negro de piel pulida -enorme, henchido de potencia y arrebatado de deseo- tomó a la pequeña mujer entre sus brazos, la alzó para lanzarla sobre el diván de cuero vino, separó con sus gruesas manos sus piernas y hundió su barbilla poderosa en ellas, para demostrarle a Patricia con la devoción de su lengua cálida el gusto por su piel y sabor.

21 de julio de 2009

Minicuentos 2: Encuentros cercanos


Desde pequeño se me ha preguntado si le tengo miedo a la oscuridad y siempre he respondido que a la oscuridad no le temo sino a lo que hay en ella. Por eso evito internarme en sus entrañas, no camino vías sin luz, no asisto a iglesias, no visito bosques. Evado siempre sus reinos y su tiranía de miedo. Creo que más que resquemor en realidad me causa curiosidad; sin embargo sé que esa curiosidad podría llevarme a la muerte o algo peor: atraparme y volverme como ella. Es más, las voces de la oscuridad me han llamado siempre y hoy se hicieron más audibles y claras que nunca, me reclaman, y esta tarde no puedo desobedecerlas. Así me adentro más y más en ella, mientras siento manos frías arrastrándome a su tumba.

16 de julio de 2009

Minicuentos 2: El mito de la moralidad absoluta


El Pastor Buenafuente es conocido por su firme moral y sus buenas costumbres. Desde muy joven el apuesto pastor escuchó el llamado del Señor y sintió el fuego de la vocación quemando sus entrañas. Tal fue el ardor, dicen las leyendas, que carbonizó cualquier apetito de carne que pudiera surgir de ellas, y esta fuerza permitió a Buenafuente soportar los avances de las pecadoras del pueblo al cual lo enviaron de servicio, impías mujeres que sólo buscaban quebrar la voluntad férrea de un verdadero hombre de fe. Sin embargo, a pesar de las frustradas intenciones era común reconocer, entre los habitantes de ambos sexos de este pueblo, que Buenafuente era con mucha seguridad un hombre hermoso, llamado a tentar al mismo diablo si era posible. Y así fue como un día, el diablo visitó sus aposentos para rendirse frente a él luego de que Buenafuente lo convocara para saciar su sed de pecado.

15 de julio de 2009

Minicuentos 2: El nacimiento de Venus


La ostra se abrió. Sus conchas nacaradas brillaban al sol y quemaban la mirada de quienes la posaban sobre ellas, pero cualquier rayo valía la pena con tal de ver a la mujer que de ella saldría. Y así fue, los miles de hombres que esperaban el alba se prepararon para ver nacer a Venus, la diosa del amor. Era esplendorosa. Su cuerpo perfecto, sin mácula alguna, se mostraba ante ellos firme y sedoso. Sus senos gloriosos coronados por rizos ígneos adornaban un estómago liso y tornasolado, sus piernas largas de vértigo defendían la estabilidad de su cuerpo y su rostro era más que magnífico. Sus ojos inocentes y furtivos iluminaban una nariz recta y sus labios brillantes y húmedos eran tan provocativos como dos frutas jugosas. Mientras el sexo de la diosa despedía una fragancia intoxicante que provocaba que la humanidad entera, excitada y erecta, se arrodillara ante semejante prodigio.

13 de julio de 2009

Minicuentos 2: Humanamente


Pegué mi espalda a la pared astillada. La lluvia corría helada sobre los tejados, sobre la cornisa en la que estaba, sobre mí. Me defendí cuánto pude, pero el cansancio de la batalla inicial me había dejado exhausto. SúperVillano y VenenoGirl me cercaban cada vez más, sádicos y violentos, me golpeaban sin cesar y mientras reían mis mallas se rompían y mi uniforme se rasgaba. Sin embargo yo seguía ahí, en pie de lucha, peleando para defender a la ciudad de su acoso. Firme. Por todos los inocentes. Al ver mi resistencia, VenenoGirl me preguntó, creo que más interesada que molesta, "¿por qué, SúperMago, te empeñas tanto en defender a la humanidad?", y añadió mientras me señalaba la calle 100 metros abajo, "¿qué no ves cómo esa mujer golpea a su hijo allí?, ¿o cómo aquél chico trata de violar a esa niña?, ¿ves a aquéllos que se están burlando de ti mientras peleas por ellos?". De repente una verdad agria golpeó mi conciencia: "esta es una sociedad asquerosa. Esta gente no tiene salvación". Y sin saber, y dándole la razón a VenenoGirl y SúperVillano, me dejé vencer hasta alcanzar la muerte.

11 de julio de 2009

Minicuentos 2: Simplemente


Siempre me ha gustado Félix. Siempre. Desde la primera vez que lo vi, tan alto, con ese cuerpo tan perfecto, su voz gruesa y vibrante, que cada vez que resonaba en el cuarto retumbaba en mi pecho y me excitaba. Su olor agridulce, su barba a medio afeitar, sus cejas gruesas, sus ojos negros. Simplemente todo él. Hoy, finalmente, Félix está desnudo frente a mí y yo, esclavizada a sus deseos, sólo puedo pensar que haré todo lo que me pida, así que, rendida a su poder, me arrodillo frente a él y me dispongo a tomarlo en un principio dentro de mi boca, para luego dejarlo servirse de mí. A mi dios personal.

4 de julio de 2009

Minicuentos 2: Satisfacción


Tomó con gula y desesperación, agradecido casi, las dos tetas grandes y oscuras entre sus manos. La tersura de la piel, el color de las areolas redondas y el olor salado y cítrico de ellas, mezcla infinita de su sudor con su perfume caro, lo volvian loco. De sus manos se escapaban ambas, rebotando, pero ahí dispuestas para él. Mientras ella yacía desnuda sobre su espalda, él besaba su busto, jugueteaba con él, lo mordía; y allí se recreó largos minutos, tocándolos, hasta que -presa de calentura- abrió sus piernas y la penetró. Su cuerpo era su regalo. Un regalo precioso con dos borlas de adorno. Puesto en ese lugar para su entera satisfacción.

2 de julio de 2009

Minicuentos 2: Despedida


"Eres bella como la poesía", fue lo primero que Juan le dijo a Elsa hace 60 años, con esa frase arrancó una sonrisa de la pequeña morena e inició el romance de su vida. Casados dos años después fueron padres de sus dos únicos hijos. Lo que más disfrutaba Juan de Elsa era cómo arrugaba la frente y la nariz al leer, achicando sus ojazos negros; lo que menos le gustaba era que después de 20 años durmiendo juntos, Elsa comenzó a roncar, aún así, poeta como era, Juan encontró cierto ritmo calmante en sus ronquidos. De esta manera, amándose, transcurrieron años, una vida, miles de aventuras y miles de peleas. Hoy Juan sabe que ya no comerá con Elsa, que sus ojos oscuros llenos de arrugas e inteligencia no lo verán más y sus manos pequeñas no cubrirán las suyas tan llenas de callos. Esta mañana Juan enterró su poesía, junto al cuerpo inerte de Elsa.

1 de julio de 2009

Minicuentos 2: Condenada humanidad


Hay una batalla en los cielos, la sangre plateada y espesa de los ángeles corre fuera de sus heridas, cortes profundos y mortales causados por sus hermanos, ahora enemistados. Unos defienden al Dios de todos los cielos, otros, al más carismático de ellos, el segundo al mando, Lucifer, el que porta la luz. Lucifer es hermoso, el más bello de los ángeles, y sus cómplices son tan hermosos como él, sin embargo cometieron el pecado de la soberbia, su belleza infinita los llevó a faltar al juramento. Por esto, ganaron los teófilos y perdieron los rebeldes. Expulsado de las alturas, Lucifer cae junto a sus compañeros en un planeta salvaje y desolado, de anchos mares y mujeres hermosas. Desnudos como estaban ellos y desnudas como estaban ellas, procrearon, y así nació la humanidad.