26 de julio de 2008

Desenfreno

Con una violencia extrema, aumentada por sus deseos, Emilio inmovilizó a Leticia entre el sofá y su cuerpo. La cercanía de él, la adhesión desesperada a su figura, encendió aún más a Leticia quien levantó un poco su cadera para rozarla más firmemente contra el bulto pétreo que sobresalía del pantalón de Emilio.
Los besos entre ambos eran hambrientos, ardientes e invasivos.
No había espacio para respirar ni para el aire individual. Las manos de ambos sobaban impertinentes todos los pliegues y aberturas en sus cuerpos. Las manos rugosas y largas de Emilio manejaban diestramente los dedos del hombre, introduciéndolos sin cuidado por los bordes de la pantaleta de encaje de la gordita pelinegra, para invadir descaradamente el túnel húmedo que se abría ante ellos.
Leticia disfrutaba del juego así que, cuando el flaco de cabellos rizados que se frotaba contra ella metía sus fríos dedos en su vagina para luego lamerlos con gusto, ella reía maliciosamente, jadeando, expirando su dulce y cálido aliento a chicle bomba y luego levantando la cara hacia él, buscando sus gruesos labios para morderlos e introducir su larga lengua entre sus blancos dientes.
El sabor a cigarrillo y té que emanaba de la boca del italianito, sus grandes ojos ambarinos y su larga y perfilada nariz eran las características que en conjunto más le gustaban a la gordita. Su cuello, delgado y venoso, enrojecido por la excitación, se convertía en el objeto de sus juegos. Leticia lo lamía una y otra vez, sustituyendo el sabor a cigarro de la boca de él con el sabor de la cara colonia de hombre mezclada con el salado sudor.
De cualquier manera se movían sobre el sofá de cuero. Este era un hambre diferente, se sentía con la piel, con las entrepiernas, no se calmaba y aumentaba la sed de violencia y sexo. Las ganas, alimentadas por meses de miradas rápidas y toqueteos oportunos en la oficina, habían arrastrado a jefe y subordinada hacia un camino tortuoso y divino, desenfadado, para finalmente desatarse sobre ellos en un instante.
Las mordidas que Emilio le hacía a Leticia sobre sus pezones rosados, la excitaban más allá de lo soportable, lo que la hacía retorcerse de placer. En cambio, las manos pequeñas de ella, llevando el vaivén de sus deseos sobre su pene enervado, lo hacían jadear pasmosamente, buscando penetrarla para concretar lo que habían iniciado.
Cuando Leticia cedió y abrió sus piernas bajo el peso del jefe, el miembro masculino entró glorioso y triunfante en su estrechísima caverna. Una y otra vez taladró, con fuerza y sin pausa, llevando las notas en los gritos de Leticia a extremos audibles para quienes estaban fuera de la oficina; esto obligaba al director de la compañía a tapar con una mano la roja y pequeña boca de la mujer, mientras con la otra frotaba el clítoris gomoso de la hembra.
Haciendo gala de lo aprendido en las camas y sofás de otros, Leticia se separó cuando pudo del cuerpo trémulo del hermoso hombre, obligándolo a recostarse sobre su ancha espalda para bajar cruelmente con lentitud hacia el yermo pene, sostenido entre sus manos sudorosas.
Mientras se acercaba a su objetivo, la tetona pecosita lamía el plano estómago de su jefe y retorcía con sus labios las tetillas masculinas o jalaba con ellos los vellos que alfombraban su pecho. Finalmente, con entusiasmo, separó sus mandíbulas y metió el largo y grueso pene en su pequeña y fragante boca, hasta el final, muy atrás en su garganta.
Emilio, al borde de la desesperación, tomaba los lacios mechones azabaches de la mujer y jalaba o empujaba febrilmente su cabeza, para marcar el ritmo que le gustaba. Era él quien daba las órdenes fuera y dentro de ella y eso le gustaba a la secretaria, quien con el mayor gusto del mundo -y ya para calmar el ardor de su boca- bebió hasta la última gota expulsada por el italiano que yacía complacido sobre su sofá de cuero negro.

25 de julio de 2008

Echando los perros por Internet (de la vida misma)


En los estudios de posgrado que estoy haciendo me ha tocado compartir con varios tipos de personas de todas las edades, entre ellos (y con quienes me siento muy cómoda), está un hombre muy muy peculiar, y en el sentido más literal: feo.
Se los describo brevemente: es pequeño, de cerca de 1.60 mts., tiene la cabeza muy grande, desproporcionada y perfectamente redonda, con unos pocos pelos canos repartidos aquí y allá en ese balón de piel y hueso. Tendrá cerca de 50 años -poco más, poco menos- y le faltan varios dientes frontales. Sus ojos son pequeños y arrugados, su frente amplia, su cuerpo rechoncho, la barriga prominente, los labios fruncidos y la piel aceitunada. Su nariz es muy pequeña para su cara chata y su manera de hablar es gangosa, pastosa y arrastra las palabras.
Entre otras cosas, Eliseo (así es su nombre), no sólo tiene un aspecto desagradable y descuidado, con ropas sucias y mal olor corporal, sino que además no parece tener "todos los tornillos" en su lugar y no mantiene el hilo de las discusiones en clases. Como si esto fuera poco, en los últimos encuentros del módulo de este semestre, los compañeros decidimos hacer un brindis de fin de curso, para lo que empezamos un hilo de mensajes electrónicos (vía mail) para ponernos de acuerdo en qué llevaríamos.
Durante estos pasos de mails muchas de las mujeres del curso recibimos mensajes perturbadores escritos por este personaje.
Tampoco es que son tan terribles y, a decir verdad, a mí lo que me dan es risa, aunque eso no elimina el hecho de que es alguien molesto, ofensivo y quién sabe si hasta peligroso.
De cualquier manera, como me parece "interesante", por decir lo menos de esta situación, decidí copiar aquí parte de los correos recibidos de este señor y las reacciones que provocó en muchas de las chicas del curso. Disfrútenlo:
Nota: se omiten los correos y datos personales.
Mail 1 (la invitación):
(Sic)HOLA CHICOS BUENAS TARDES!!! LES ESCRIBO PORQUE LA PROFESORA EL SABADO DESPUES DE CLASES NOS DIJO PARA QUE PARA LA CLASE DEL MIERCOLES CADA QUIEN LLEVE ALGO Y REALICEMOS UN PEQUEÑO COMPARTIR COMO CIERRE DE LA MATERIA!!! SERIA INTERESANTE PONERNOS DE ACUERDO PARA VER QUE LLEVAMOS Y NO COINCIDIR TODOS EN LO MISMO, POR ESO SUGIERO QUE DE ESTE LISTADO CADA QUIEN ESCOJA ALGO Y NOTIFIQUE A TODOS
Mail 2 (la sorpresa):
(Sic)Hola mi amor soy Eliseo gracias por la invitacion la verdad que me sentiria incomodo asistiendo a ese brindis sin haber asistido a las clases. De todos modos me sentiria muy bien si me disculparas ante el grupo por mi ausencia a la profesora es probable q la vuelva a ver porque me interesa el componente docente y me vuelvo a escribir en el proximo periodo. A ti bueno si me dejas tu numero de celular chateo y te conosco más de paso soy soltero. Bueno toda mia es lo q se me ocurre decirte besos exitos.
Mail 3 (las reacciones):
(Sic)Hola, chicos

Siguiendo la onda de los mensajes de este señor y excluyendolo a el, les envio esto. La verdad es que es preocupante, yo lo sacaria de la lista ya

Saludos


Re: RE: INVITACION CIERRE DE CURRICULO‏
De: ...@cantv.net (...@cantv.net)
Enviado: miércoles, 23 de julio de 2008 03:21:29 a.m.
Responder a: ...@cantv.net
Para: ...@hotmail.com

Bueno en vista de mi solteria y los problemas q me ha causado sueño con quedarme con una del salón a primera vista me gusto y me gusta N..., tambien veo muy buena a O... y no deja de gustarme Rosa (nota del autor: esa sería yo) caramba q si me da la oportunidad no la desperdicio. Gracias por el menu, ... , a la profesora me la reservo.
Mail 4 (continúa el acoso):
(Sic)
yo creo que esto ya esta pasando de color... aqui tienen otro...

From: ...@cantv.net
To: ...@hotmail.com
Subject: Re: Re: INVITACION CIERRE DE CURRICULO
Date: Wed, 23 Jul 2008 13:32:58 -0430

Hola mi amor gracias por la invitación pero me sentiria incomodo yendo a la reunion habiendo faltado a las clases. Me vuelvo a escribir en el proximo grupo. Besos ando buscando una como tu. Tu celular?
Mail 5 (la propuesta):
(Sic)
chicas evaluando la situacion plenamente yo opino que ese hombre esta enfermo definitivamente, por tal motivo propongo que lo ignoremos por completo y hagamos como que si no existiera.... sin embargo si el amigo insiste enviado mensajitos tan desagradables como este las invito a q una de ustedes (me refiero a las que han recibido los email) le siga el juego y concrete una cita con él y alli le caigamos todas (os) y le digamos hasta del mal que se va a morir, yo me ofrezco para golpearlo jejejejej (ojo se que es la violencia es el arma de los que no tienen la razón)..... no me gusto realmente para naaaaaada que ese viejo verde se pusiera en esos jueguitos pesados con ustedes y menos con mi hermana chiqui... a ver ???? que dicen escucho sugerencias y posibles soluciones
...definitivamente yo no se ustedes pero yo si voy a poner en sus palitos a ese viejo verde!!! esto si que es lo último, ni a la profe la respeta, como se le ocurre decir semejantes barbaridades, definitivamente esta enfermo, pero se le va a quitar cuando lo vuelva a ver y le de su sarrapanda de coñazos, y me disculpan la expresión.... pero que yo sepa ninguna de ustedes, chicas del componente, ha dicho que tiene como profesión ser dama de compañia... espero sus comentarios

4 de julio de 2008

Comparte la luna y sueña

Su alta figura se veía aún más esbelta cubierta con la sedosa tela que vestía su cuerpo, sus rubios rizos caían delicadamente y con cierto orden sobre los hombros desnudos. El frío, se dio cuenta en ese momento, le calaba hasta los huesos, lo que provocaba que sus manos temblaran pálidas a la luz de la luna que la bañaba.
Su madre y las damas de su cortejo nupcial la rodeaban nerviosas, en una especie de danza improvisada. Iban de un lado a otro, corriendo sin tropezarse, llevando los últimos adornos que pondrían en el cabello y vestido de la novia. Ella, mientras tanto, observaba con embeleso a las mujeres.
Recordó que nunca estuvo de acuerdo con hacer la ceremonia de noche, decía que la oscuridad siempre presagiaba malos augurios, sin embargo, cedió a las peticiones de quien esa noche la esposaría. Al recordar esto casi agradeció que el cielo estuviera colmado de luz plateada, derramando su melancolía sobre ella, aún parada muy cerca de la ventana del templo.
De vez en vez, Isabel miraba furtivamente su estampa en el espejo de pie frente a ella, disfrutaba con placer sensual observarse -hermosa e inolvidable- reflejada en el óvalo de marcos dorados. Los cristales y mínimas lentejuelas cosidos sobre su vestido avainillado resplandecían al compás de su respiración entrecortada. El vaivén de su pecho y la suave brisa veraniega que soplaba en la habitación provocaban una reacción luminosa entre los rayos de la luna llena que reinaba en el cielo y las escarchas que cubrían su corsé. Su piel, extremadamente pálida, lucía pétrea a la luz de esta luna.
Algo cansada por el trajín de los días anteriores Isabel casi no podía disfrutar el momento, quizás el más importante de su vida. Este día definiría un antes y después en su historia, este "después" era de la mano de quien había sabido amarla. Y de quien ella amaba.
Acabada la formalidad de preparación de la novia, la mamá de Isabel la tomó de la mano y con suma delicadeza la llevó hacia la puerta del templo. Todas sus primas, que eran quienes conformaban el cortejo, la antecedían riendo y jugando, demostrando más emoción que la misma esposante.
Celosa de la solemnidad del acto que su hija protagonizaría, la señora ordenó enérgicamente a las jóvenes cordura y discreción, nada debía alterar los ánimos de la virgen a punto de unirse ante Dios, en cuerpo y alma, al caballero que la pidió en prenda. Como último detalle de despedida, la madre llorosa abrazó larga y firmemente a su hija más pequeña, al desprenderse de ella colocó en sus manos el fragante bouquet de gardenias y tulipanes que armó en la mañana de ese determinante día.
Isabel delicadamente lo levantó hasta su respingada y larga nariz y con un esfuerzo enorme, provocado por la presión del corsé en su pecho y la ansiedad que la consumía, aspiró su olor. Sintió -y juraba que casi podía ver- cómo los efluvios ascendían por el aire y empapaban sus sentidos. El agridulce olor de las flores le recordó la vida que fluía por sus venas.
Finalmente, cuando su madre se adelantó a las damas y empujó con ambas manos las pesadas puertas de caoba que separaban el saloncillo de la nave de la iglesia la luz argentina que todo lo inundaba en ese momento la cegó, la fuerza del brillo de la verdadera reina de esa noche había escapado como una llamarada a través del dintel, logrando desorientarla momentáneamente.
Si no hubiese sido por el instinto que la guiaba y porque los murmullos de sus damas le construían un camino, Isabel no hubiese sabido por dónde ni cuándo caminar. Al entrar al templo, el Ave María cantado por una amiga de la infancia le dio la bienvenida y le recordó, retumbando en las gruesas paredes de piedra que sostenían el santuario medieval, que su corazón acelerado latía vivo por primera vez.
Al fondo, justo al terminar el largo recorrido de terciopelo rojo flanqueado por bancos de madera enlazados con razo berenjena y copados de invitados curiosos y expectantes, la esperaba su prometido. La única promesa de amor que deseaba aceptar eternamente. Bañado en la luz blanca que acompañaría sus noches de amor eterno desde ese instante.