10 de diciembre de 2008

Minicuento: Evangelio


El calor sofocaba las calles y a quienes caminaban por ellas, Santiago, visiblemente afectado por el vaho caliente y seco mojó sus cuarteados labios con su lengua, sin embargo no hubo alivio. Se sentó en la hilera de piedras planas al lado del templo y meditó si entraba y encendía incienso para pedirle a Yahvé un cambio o si seguía su camino; mientras decidía qué hacer el joven peinó su larga y frondosa barba oscura y sacudió sus sandalias y piernas llenas de arena, maltratadas por el largo camino desde Judea. Alzó la vista y vio a los mercaderes vender frente a la sinagoga, las aguateras pasar llenas de alhajas ofreciendo el líquido, los samaritanos buscando a quién robar y a los rabís entrando y saliendo frenéticos del templo. En ese momento notó que varias personas corrían hacia una de las esquinas del lugar con piedras en las manos. "¿Qué pasa?", preguntó, y un joven le gritó "vamos a apedrear a Magdalena, la puta", antes de seguir corriendo. Santiago, como arrastrado por una fuerza demoníaca alzó una roca y corrió hacia donde estaba el grupo y en el momento que alzó la piedra para lanzarla hacia la mujer una mano más fuerte que la de él detuvo la suya, al voltear una luz sobrenatural le impidió ver inmediatamente que quien lo sostenía era a quien llamaban Jesús de Nazareth.

No hay comentarios.: