
Desde pequeña a Alicia le enseñaron que el sexo es malo, y como tal lo vivió durante sus primeras entregas carnales en donde la restricción y los tabúes minaron su placer y el de sus compañeros. Pero Elías, con la atracción totalmente básica que ejercía sobre ella, le enseñó, no con mucho esfuerzo, que el sexo sí es malo, pero en una dimensión diferente a la que su tradición judeo-cristiana le había enseñado. Y así, luego de pocos encuentros, ya no existía hoyo en Alicia que Elías no hubiese violentado. Cierto día, de exploraciones y hambre de piel, Alicia descubrió en ella un talento nato para el sexo oral y orgullosa, cada vez que se desnudaba ante Elías, salvajemente introducía el miembro ácido en su boca de rosas, una y otra vez, saboreando el pecado en un beso prohibido.
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