13 de marzo de 2008

Entre caníbales


Una eternidad
esperé este instante
y no lo dejaré deslizar
en recuerdos quietos
ni en balas rasantes
que matan...

Ah... come de mí, come de mi carne
Ah... entre caníbales
Ah... tómate el tiempo en desmenuzarme
Ah... entre caníbales

Entre caníbales
el dolor es veneno, nena
y no lo sentirás hasta el fin.
Mientras te muevas lento
y jadees el nombre
que mata...

Ah... come de mí, come de mi carne
Ah... entre caníbales
Ah... tómate el tiempo en desmenuzarme
Ah... entre caníbales

Una eternidad
esperé este instante

6 de marzo de 2008

Juan Carlos

En estos días hablaba con un amigo sobre las personas que nos han gustado, con las que hemos tenido sexo o escarceos amorosos y recordé a un muy buen amigo que tuve hace tiempo (de esos que no son para siempre, pero que mientras dura la cosa se hacen presentes) y hablando de él me di cuenta, simplemente, de que a pesar de la brevedad, que no hubo mayor enamoramiento y de que ni siquiera pasó algo realmente serio entre nosotros, ese hombre, cuyo nombre es Juan Carlos, fue y es muy importante en mi vida.

Les cuento por qué: hace más de tres años tuve una relación con un hombre que, en su momento quise mucho, aunque siempre supe que lo nuestro era nocivo y no tenía algún futuro posible. Resulta que de este señor (8 años mayor que yo) me embaracé de mi primer hijo (ése que le dio el primer nombre a este blog "madresolterapregunta") y, mientras el embarazo corría, nos hacíamos más y más daño, hasta que por fin sucedió lo lógico, me dejó por otra.

El asunto es que para ese momento, yo a mis casi tiernos 22 años de edad, no sabía nada de la vida y todo se me hacía eterno. De repente me encuentro enamorada tontamente del "Fabricante" (así le decimos coloquialmente al "papá" de mi hijo, puesto que lo abandonó), embarazada y sumida en una espantosa relación, que a la larga -debe reconocerse- me enseñó muchas cosas, especialmente en lo que fue el desenlace final de ella (que podría ser material para otro escrito).

Para hacer corto el relato, este tipo me dejó en víspera de año nuevo, me restregó a otra en la cara, me mintió, abandonó a su hijo prematuro y recién nacido en el hospital, mientras estaba en Terapia Intensiva, lo negó al tercer día como Pedro a Jesús y para completar, lo ignoraba y le pasaba por un lado sin verlo, como si fuera un "perolito", cuando me tocaba llevar al niño a la oficina donde (oh, sí) trabajaba con él.

Viendo todas estas cosas, viviendo esta extraña situación (sumada a un pleito legal bastante fuerte de dimes y diretes en el que batallé con el Fabricante), mi autoestima, todo lo que yo era o creía ser, se derrumbó. Típico en estas situaciones yo me convencí de que nadie me querría, de que no me iba a volver a enamorar y ese tipo de cosas que, vistas en retrospectiva, son estupideces, aunque enseñan mucho.

En este trance me encontraba yo, cuando un día culquiera, levanté la mirada y la crucé accidentalmente con la de Juan Carlos. Realmente no sé cuándo fue, pero un día me di cuenta de que nos estábamos viendo "diferente", es decir, con curiosidad. Por aquéllo de la lectura del lenguaje corporal noté que yo le atraía y por supuesto a mí también me atraía él.

Se debe reconocer que JC tiene unos ojos verdes fantásticos, una nariz aguileña que me "mataba", una sonrisa especial, etc-etc... además de que daba unos besos espectaculares y sabía escuchar, pero la verdadera hazaña de él fue servir de trancisión entre el Fabricante y todos los que tocaron la puerta (y otras cosas) después. JC fue indudablemente un alivio, una fuerza nueva que me llevó a cierta luz poética en la que redescubrimos cosas sobre nosotros, nos vemos en un espejo con nuevos cristales y empezamos a andar.

No me enamoré, sería tonto siquiera pensar en eso. Pero esa brisa fresca, ese redescubrir y nuevo empezar, ese querer recordar lo que nos hace vibrar, ese "borrón y cuenta nueva" fue gracias a Juan Carlos y sus divinos besos y caricias. Tiene el mérito porque es quien estaba allí, pero ese mérito, esa hazaña que es sólo de él, me hace querer agradecerle hoy y todos los días su presencia.

Fuiste importante para mí, porque fuiste mi puente para "cruzar los ríos revueltos", a ti, este escrito y las gracias.

P.D.: muy románticamente también te digo que te extraño y me gustaría reencontrarme contigo, porque sé que de amistades podríamos valernos.