26 de septiembre de 2006

Literatura inglesa

Eres una puta. Eso es todo lo que tengo que decir sobre ti. Ya no eres la mujer de la que me enamoré, hace meses que no eres la virgen de pueblo que llegó trémula a mis brazos. Te fuiste con él y me la vas a pagar. Eres un amor de compra y venta. Me has dejado gastado y solo, guardando todo lo que para ti tenía. Pero estoy preparando la mejor de mis venganzas. Te vas a arrepentir de todo lo que me has hecho.
Ayer te vi, saliendo de casa de tu profesor, tu nuevo profesor favorito. ¿Y yo?, ¿dónde quedé? Cuando voy a clases espero verte, recién levantada, con el cabello mojado dejando caer gotas frías sobre tus hombros. Ya no veo tus ojos cómplices que me dicen que te has levantado de mi cama, de nuestra cama, después de desvelar la noche leyendo libros y libando flujos. Mi semen ya no cubre tu cara, tus labios ya no cubren mi glande. Ahora es a él a quien tienes en tu boca, en tu ano, en tu ser. Puta. Puta, mil veces puta.
Es fácil dejar de querer cuando se tienen 18 años, como tus 18 diciembres, pero a mis 51 otoños, ¿qué me queda sino tu recuerdo? Todavía saboreo tu vulva húmeda, arenosa de pueblo, aún siento el cosquilleo que tus vellos provocaban en mi barbilla. Ya mi nariz no se hunde en tus cavidades. Ya no me hundo en ti. Ahora es un vórtice. Me hundo en el precipicio que abriste al lado de mi cama.
Soy un pobre viejo, un gastado profesor de literatura que ha perdido a su Circe en los brazos de un mancebo, un vulgar Orfeón de tonadas irresistibles que te ha hipnotizado con palabras de sicología. Ya no quieres mis poemas, ahora quieres sus teorías. La literatura inglesa se quedó lejos, es vieja como yo, pero las teorías freudianas tienen menos de 100 años, para la infinitud de la historia, son jóvenes como él. Me rebatieron en la cama y en el amor, como han rebatido la literatura. James Joyce destrozó la literatura de su país, pero nadie ha podido destrozar las teorías de Freud en su terreno.
¿Qué eres, según él? ¿Una maniaco-depresiva que buscaba desesperada una figura paterna, víctima del Síndrome de Electra? Eso es lo que te dijo. Entonces pasaste de ser mi Margaret Parker para ser su histérica y fría austríaca Emma Eckstein. Dejaste una barba canosa llena de experiencia y amor por un pecho lampiño lleno de fuerza. Me dejaste a por él, quien cínicamente me saluda en los pasillos de la facultad, sabiéndose ganador de tu cuerpo, tus sudores y flujos, de tus gritos y frigidez de virgen de pueblo. Puta.
Pero me vengaré. Mañana al mediodía, cuando tú y tus amigas estén en la entrada de la facultad, riendo las estupideces de tus aún púberes compañeros, mostrando sus teticas a erectos posadolescentes, a esa hora verás el horror de mi venganza. Sentirás el vacío de mi ausencia. A esa hora, frente a ti, sacaré mi pistola y dispararé directo a mi corazón. Te dolerá, lo sé, como a mí me duele en la almohada tu ausencia.
Puta.

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