16 de agosto de 2006

Imágenes

Hay algo en las imágenes eróticas -o explícitamente sexuales- que me encanta.
Cada vez que veo una imagen sugerente, un miembro enervado, una lengua traviesa, o unas nalgas perfectamente redondeadas, no puedo dejar de recordar mis propias impresiones mentales. En el secreto del sexo que reside en los órganos de cada quien, en nuestras pieles, lenguas, ojos y olores.
El sexo, más allá de su función reproductiva (biológica), de su función integradora (amor) o de su función "circense" (líbido) es un mecanismo respetable de expresión y una perfecta forma de conocernos (a nosotros mismos y a otros).
El poder acercarnos al que nos atrae, y disfrutar de todo el placer que nos da su cuerpo (y disfrutar del placer que nosotros podemos prodigar), es la principal razón de ser de la cópula. Sea animal, romántica, reproductiva, salvaje, violatoria o permisiva. De todas, creo, la mejor tirada es aquella que hacemos cuando "hacemos el amor". Cuando regalamos una parte de nuestra intimidad para demostrarle a nuestra pareja que nos agrada lo suficiente para permitir la mayor -y más profunda- invasión a nuestro espacio personal.
NUESTR@ es la palabra clave. Nuestro cuerpo, lleno de venas y sensaciones, y nuestra mente, llena de tabúes y predilecciones. Y nuestra pareja, dispuesta a ofrecernos un espacio para la interacción plena.
Quien está con nosotros nos cede sus olores y sabores, sus mañas, su figura, sus técnicas, gemidos, perversiones, fantasías y confía plenamente en que sabremos -como él/ella- complacerlo.
Cuando nos masturbamos pensamos en alguien, recreamos escenas, IMAGINAMOS, las efigies nos invaden, nos recorren, nos erizan, cambian y nos descubren lo que verdaderamente somos.
El hechizo que una imagen, una mirada furtiva o un espionaje dedicado a quienes nos convertimos -o se convierten otros cuando sodomizan su cuerpo- es el más potente afrodisíaco. Millones de vergas se paran diligentes ante el paso de un cuerpo cimbreante. Millones de cucas se bañan en sangre y lubricante cuando ven un cuerpo cimbreante.
Nadie es indiferente a la composición de sombra y luz, a la recreación de deseos, a la perversión o pecado que queremos cometer, con nosotros y otros. Una imagen es más que una palabra. Las mujeres vemos furtiva o fijamente a otra hembra en mejores condiciones que nosotras, los hombres ven en los baños a otros hombres, mejor o peor dotados que ellos. Todos vemos y queremos ver. Nadie es indiferente.
Por eso los espejos son protagonistas de las habitaciones oscuras y mal olientes de los cuartos de hotel. Desde las piezas de prostíbulo hasta las suites del Aladino. Cuando los hombres reciben sexo oral levantan ligeramente el cabello de su hembra para verla introducirse el miembro hasta el final. Cuando las mujeres recibimos sexo oral nos gusta observar el rostro del macho imbuido en nuestros labios.
Cuando somos tímidos evadimos la mirada fija de nuestro amante. Cuando no lo somos, nos deleitamos y buscamos sus miradas, invasivas más que el acto en sí, que buscan aprobación o, en otros casos, una guía de si la persona realmente está allí con nosotros o si está con alguien más.
Recreamos nuestro cuerpo y mente observando gente atractiva. Nos gusta la pornografía más de lo que nos gustaría admitir y, sobre todo, nos entretenemos haciéndolo frente a un espejo, sea el de nuestras cómodas, el del ascensor en el que desatamos las pasiones o el espejo manchado de humores y vapores de ese cuarto de hotel.
P.D.: Por lo menos a mí es por eso que me gusta hacerlo frente a un espejo.

14 de agosto de 2006

Velvet revolver

A Hilda le gusta Olivia. Desde la universidad. Desde la salida de su adolescencia. Desde siempre -le parecía.
Hilda se perdía en los labios pequeños y fruncidos de Olivia, pequeños, rosados y pálidos por el cigarrillo. Se hundía en su boca, estrecha y sensual, cada vez que ella le hablaba de lo que quisiera. A Hilda le daba igual, tan sólo quería escucharla, verla, imaginarla.
Fueron años de admiración, de ideas, de fantasías. Fueron cientos de noches de masturbación y ardor. La concha de Hilda se humedecía gruesa y resbalosamente, ácida y ávida, cuando recreaba en su mente las palabras, gestos, olores y leves características que hacían de Olivia la mujer de sus sueños.
Muchas veces, sin que Olivia lo supiera, Hilda se acercaba poco a poco, fantasmagórica e imperceptiblemente, a su nuca y aspiraba, profundamente, el aroma a café y cigarrillo de menta que emanaba la larga, enredada y negra cabellera de Olivia. Cuando tenía suerte percibía el olor a alhelí de su perfume y pocas veces, casi milagrosas, percibía más allá el fuerte olor de la menstruación y cavidades de Olivia.
Eso era lo que más disfrutaba: el olor de su sexo. Del culo custodiado por dos nalgas planas y cuadradas. De sus axilas. El olor de Olivia, precedido por sus licores agrios. Aquéllos que deseaba beber y saborear con sus dedos lubricados. Una o dos veces Hilda logró decantar de tantos olores el aroma inconfundible de sexo de anteanoche que dejaba Diego sobre Olivia. Ése en particular la excitaba aún más.
Fueron años de aspiraciones furtivas. De dedos y manos fríos, ausentes, solitarios sobre su cuerpo. De esperar que fuese Olivia, una y mil veces Olivia, quien la tocara. Así transcurrió la universidad, así la vida. Se separaron.
Lo último que supo Hilda fue que su mujer se casó con un gordo adinerado. Un pobre calvo intelectual de mucha barriga y poco encanto. Seguro que con un pene mínimo, incapaz de complacerla, arroparla, como seguramente ella, desde su altura y hambre sí podía hacerlo. Vio a Olivia envejecer quince años a través de los periódicos hasta que un día, sin planearlo, se tropezó una vez más con la pequeña tetona.
Estaba como la recordaba, sólo que con más pecas en el cuello y sobre sus mejillas, los labios más fruncidos y el cabello más enredado, pero igual de negro. Cuando se sentaron a tomar café, y a recordar viejos tiempos, aspiró imperceptiblemente el efluvio aromático de su cabello y cuerpo. Ya no estaba allí el olor de Diego, ahora era el del gordo calvo. El enano.
En un descuido de Olivia, Hilda tuvo la idea más resuelta e irreversible de su vida. Levantó su bolso de piel de cocodrilo, delicadamente lo abrió, y -con parsimonia- sacó el revólver, mínimo, frío y plateado, de mango negro.
Mientras alzaba el arma, Olivia abría aún más sus grises ojos, horrorizados seguían la marcha macabra de la pistola en el aire. Su habitualmente pequeña y fruncida boca se torció en un gesto de resignación. La muerte estaba cerca. Un certero disparo entre sus tetas 34B acabó con la vida de Olivia.
Una cosa era que Hilda soportara el olor de Diego, el novio joven y vigoroso de la universidad, y otra cosa el olor a semen rancio del gordo calvo. Asqueroso y vil sobre su Olivia.
Ya no más. La liberó para siempre de ese mal.

11 de agosto de 2006

No es sucio, es doloroso

El sexo no es inmoral ni sucio, eso lo descubrí hace poco. Como también descubrí que el dolor puede ser muy, pero muy, excitante.
La primera vez que tuve sexo con José Manuel fue como todos los días, como todas las tiradas que he tenido en mi vida: unos besitos, unas manitas, una sobadita de teta, otra de bolitas, empujoncitos, lamiditas y penetración. Nada fuera de lo normal.
Pero la segunda vez que estuve con José Manuel descubrí nuevas dimensiones físicas, puse la resistencia de mi cuerpo a prueba. No a sus límites, pero sí más allá de lo usual.
Todo empezó como siempre (todos hemos tenido sexo así que recreen el inicio), pero cuando estaba en mis afanes acostumbrados sobre José Manuel, súbitamente me dio una cachetada, una sonora, mal intencionada y descarada cachetada, justo en mi mejilla derecha. No pude reaccionar, tan sólo dejé correr una lágrima, tibia y refrescante, sobre la mejilla adolorida, mientras me preguntaba por qué recibía semejante agresión. José Manuel estaba allí, viéndome, riéndose sarcásticamente, hasta que con delicadeza, alzó mi cara y me preguntó: ¿No me vas a responder? ¡Defiéndete!
Esas palabras activaron algo salvaje y descontrolado en mí.
Con todas las fuerzas que tenía levanté una mano y lo golpeé. El respondió empujándome. Y yo con otro golpe. Así que él me tomó por los hombres y maliciosamente, me mordió el hombro. El dolor punzante subió como un relámpago por el cuello y, de alguna manera que no entiendo aún, bajó corriendo calentando todo a su paso hacia mi vulva. Latente.
En ese momento entendí el juego. Lo golpeé una vez más, secamente en el pecho, para luego dejar caer mis largas uñas a lo largo de su torso. Cuando hice eso sentí una estocada en el vientre: su pene se había inflamado aún más. Estaba más grande y dispuesto que de costumbre.
“Otra vez”, me dijo. “Pero más duro”, añadió poniendo mis manos en su pecho, clavando mis uñas en él. Repetí la operación una y otra vez. Cada repetición era más cruel que la anterior, con más saña. Me excitaba ver su cara retorciéndose y su pene creciendo hasta casi reventar. Quise, justo en ese momento, ver sangre.
Así pasó: un hilo de sangre empezó a brotar, lenta y delicadamente de las heridas. Corría tibia, roja, burbujeante y vigorosa por su torso. Brotaba por debajo de mis uñas y su olor a óxido me llenaba el olfato, y después el gusto. La saboreé sin probarla.
José Manuel se acostó en ese momento y dejó que lo montara. Mientras lo hacía la intensidad y frecuencia de cada estocada aumentaba. La sangre de mi cuerpo hervía y llenaba mejor mis pechos, cara y entrepierna. La percibía intradérmica, cosquilleante, traviesa y correteando por todos los vasos sanguíneos. Por todos los poros. Por todo mi cuerpo.
Mientras José Manuel se dejaba cabalgar, sus manos -ávidas y fieras- palmeaban cruelmente mis piernas y nalgas. Jalaban mi cabello. De tanto en tanto se levantaba y me mordía. O sus dedos descarados tocaban agriamente los pocos espacios libres que quedaban entre nuestros órganos. Eso continuó largos minutos y varias posiciones, una más incómoda que la anterior. Hasta que el orgasmo llegó como una tregua.
Una tregua para seguir con renovadas y más retorcidas ansias…

10 de agosto de 2006

“No eres tú, soy yo”

Muchos sicólogos y biólogos afirman que a través del dolor (controlado algunas veces e infinito otras) se consigue placer sexual. A todos nos gusta padecer. Bien sea física o moralmente.
-¿No?
-¿Están seguros?
-Piénsenlo una vez más…
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5…
¿Cuántas mujeres no se crean una fantasía estúpida en la que creen que ese hombre que las maltrata, humilla, ignora –o que simplemente, le ha dicho y demostrado que no está interesado- las quiere, pero no se ha dado cuenta?
¿Cuántos hombres no padecen creyendo que muchas son interesadas o putas o estúpidas y no han “realizado” que en realidad no hay chance de tener algo que valga la pena mientras sean quienes se autosabotean?
¿Cuántos de verdad creen en el “No eres tú, soy yo”? ¿De verdad hay que gente que todavía cree en eso? ¡CLARO QUE ERES TÚ, ERES TÚ QUIEN NO LE GUSTA, NO ESA PERSONA LA QUE TIENE PROBLEMAS ENTENDIENDO LA VERDAD TRASCENDENTAL DE SU AMOR NO DESCUBIERTO POR TI!
¿Seguro que no nos gusta sufrir por “amor”? ¿Seguro que no nos gusta el dolor?
Piénsenlo de nuevo.

7 de agosto de 2006

Sex for dummies

En aras de la educación sexual, siempre tan necesaria para la práctica del "sexo responsable" (y atendiendo los ruegos de mis "¿fans?") les doy, en vivo y directo (y gratiñán, pues) este manual de sexo... Intitulado:

"Sex for dummies"

1-¿Cómo actuar cuando queremos que nuestra pareja nos haga algo?

En esos momentos de pasión, en los que necesitamos una tocadita o servicio determinado (o en otros casos, cuando queremos un cambio de intensidad o de técnica) debemos insinuar lo que esperamos. Explico: si eres mujer y quieres que el amigo te dé un "toque lingual técnico" abajo, debes -con mucha delicadeza- abrir las piernas, levantar la caderita y buscar, de alguna manera, que él empiece a ir rumbo al sur... una vez que tengas encaminado al muchacho di: ¡¡uuummm!!, ¡¡sí!!, ¡¡ah!!, ¡¡sigue!!, ¡¡así!!.. y otros ruidos o monosílabos parecidos, mientras aumentas el volumen de los "quejidos". Si el hombre tiene cierta inteligencia (cuídalo, porque hombre inteligente es un rara avis) entenderá que quieres que vaya ahí. Si no funciona, agárrale la cabeza, levántale la cara y dirígelo padonde tiene que ir ¿Tamos?

2-¿Qué hacer si el "toque técnico" no te convence?
Aquí nos encontramos con otro problema… En este caso, lo que tienes que hacer es –según sea el asunto- levantar la cadera, alejarla, empujarla o moverla circularmente para marcar el ritmo de lo que deseas, u otros detalles como intensidad, velocidad… etc… Si ya de plano es que el procedimiento (o el muy bruto) no te complacen, sin pena debes tomar el toro por los cuernos (literalmente hablando) y empujarle la cabecita hacia donde tiene que ir. O, más sutilmente, poner tu mano sobre la de él y masturbarte o guiarlo –siempre con tu mano encima- mientras le indicas la guisa que te conviene… Recuerda: jamás dejes de decir cosas como “¡¡uuummm!!, ¡¡sí!!, ¡¡ah!!, ¡¡sigue!!, ¡¡así!!”... y otros ruidos o monosílabos parecidos… A los hombres les encantan estos ruidos… Los toman como indicativo de que van por buen camino…

3-Si ya nos cansamos del "toque técnico"...
Debemos pasar a otras lides y explorar otros terrenos... Con incorporar poco a poco tu cuerpo y acomodarte hacia las posiciones que planeas disfrutar tienes... Si el pana no entiende, tranquila, a los hombres, siempre y cuando no te quejes, les gustan las direcciones. OJO: dije: di-rec-cio-nes y no ór-de-nes ¿estamos? Así que mucho cuidado. Guíalo, ilumínalo, no lo maltrates, él quiere complacerte como tú quieres complacerlo a él…

4-Si eres tú la que quiere ofrecer el "toque técnico"
No hay mucho que hacer, decir o explicar. En algún momento del encuentro (o quién sabe si antes siquiera de saber que tendrán algo) el tipo te tomará por las orejitas y te llevará abajo. O se explayará sobre la cama, mueble, asiento, hamaca, escaleras... etc... y pondrá la boquita así, como señalando algo, mientras se ve el pipicito y te dice, si es necesario,"mami, ¿y a mí no me vas a dar nada?" o, el que me parece más ridículo "dale un besito"... Así que, arrodíllate, acuéstate, recuéstate, acomódate, o como puedas ponte, pa que empieces a darle, antes de que el tipo se alebreste... Eso en el caso de que quieras "darle lo suyo", porque si no es así, necesitas saber...

5-¿Qué hacer si no quieres dar una mamadita?
Aquí la cosa se complica un poco... ¡Qué digo un poco! ¡Muchísimo! Porque créeme, si le dices que no y el hombre te gusta lo suficiente como para que le confieses: "ai loviu bulda, papito", no te conviene, repito NO TE CONVIENE, negarle su favorcito. Otra evasión no recomendable es la que se aplicó en cuento vulgar, no puedes mover la cabeza de un lado a otro mientras pones cara de asco, nooo, tienes que manejar el arte erótico del engaño y convencerlo de que estás tan horny que necesitas una penetración instantánea... Así quedarás bien, porque usualmente los machos prefieren una estocada antes que una mamada. De esa manera se aseguran el derecho a decir (algo inmoral, pero ése es otro tema) que estuvieron con esa hembra. Es más proeza que la tipa se la done a que se la mame. ¿O no?

6-¿Y si el tipo está -digamos- algo corto?
¡Ay chama! Te compadezco. En esa situación lo mejor es hacer de "tripas corazón", porque ya estás metida en el problema. Si decides proceder es altamente recomendable que seas tú quien está arriba, porque si no, aparte de sufrir los embates de la decepción también sufrirás los de la escasez. Si quieres variedad, si no te gusta trabajar de más, ni estar cabalgando quién sabe hasta cuándo, otra posición recomendable es en cuatro... Así es, la sabiduría de nuevo tocó a tus puertas. En cuatro, pero levantando ligeramente el culito, con las piernitas bien abiertas y el torso y pecho lo más pegados posible a la cama... Así estrecharás el canal y acortarás distancias, en cuyo caso creerás que tienes un toletón de acompañante. Extra bonus: el tipo estará tan enervado que durará un poquito más y te recordará toda su vida (por lo menos debería hacerlo porque te estás sacrificando)

7-¿Y si -¡Aleluya, hermanos! es largo?
Deja de quejarte, aprovéchalo y ruega que dure y sea tan bueno como parece...

8-Si el tipo no la sabe mover...
En ese caso no vale la pena fingir (casi nunca lo vale), porque lamentablemente los que no la saben mover duran mucho, así que aunque finjas no te lo vas a quitar rápido de encima. ¿Qué hacer entonces? Despréndete como puedas, bájate y dale una mamadita. Ya te cogió así que permitirá la "movida". Extra bonus 2: se va a "correr" rapidísimo, así que saldrás airosa (cuidado y empegostada) de ese trance...

9-Si no te gusta mamar...
Deja de tirar entonces porque el sexo premarital y sin fines reproductivos, sino recreativos, es pecado...

4 de agosto de 2006

Vulgaridad vs. pacatería

Madresolterapregunta:
¿Cuál es el problema con el sexo? ¿Por qué tanto escándalo con los asuntos sexuales? ¿O es que acaso alguno de los lectores no ha tenido sexo o cree es sólo reproductivo? ¿Cuál es el real problema con la vulgaridad?
El meollo del asunto, creo yo, es que las personas no logran definir bien lo que es vulgar. Para eso remitámonos a la definición de wikipedia para vulgar y para vulgo.
Otra cosa: ¿no es vulgar cuando un hombre corteja a una mujer sólo para tener sexo con ella? ¿No es vulgar, según los preceptos católicos, tener sexo premarital o por placer? ¿No es vulgar tener "amigos sexuales"? Díganme, por el amor de Dios, ¿qué cosa no es vulgar?
Ahora, ¿no somos vulgares todos? ¿No hemos visto, la mayoría de nosotros, películas o fotos pornográficas? ¿No hemos dicho, hablado, hecho cosas groseras? ¿No se masturban ustedes? ¿No han masturbado a nadie? ¿No les gustan las fantasías sexuales? ¿No tienen un cuento -sexual claro está- escabroso? Ya veremos...
Si ha respondido afirmativamente (o negativamente) a cada pregunta de cualquier manera sigue siendo usted vulgar, como yo.
Así que siéntese y disfrútelo.

3 de agosto de 2006

Noticias

Una noticia impresionante: http://buscador.eluniversal.com/2006/07/31/til_ava_31A756353.shtml

Y otra(s) aberrante(s):
http://internacional.eluniversal.com/2006/08/03/int_art_03111D.shtml
http://internacional.eluniversal.com/2006/08/03/int_art_03111A.shtml

¡Qué mundo tan triste, la verdad!

Cuento vulgar

Esto es parte de lo que he escrito para MaGA y LAE... Es un cuento, pura ficción alimentada de cosas recogidas por aquí y por allá... Una pizca de imaginación... Y otra de experiencias previas... Digo, explico esto para que no sigan preguntando de dónde salió... A continuación, la transcripción...

El sexo (oral) es racista

De todas las veces que he tenido sexo, de todos los penes que he visto (y que, gracias a Dios, no me han decepcionado) me pregunto: ¿tenía que ser justo la paloma de Felipe la que fuera negra?
Después de mis "escarceos" y coqueteos con Felipe (un hombre alto, fornido, elegante, adinerado, atractivo –evidentemente "bien dotado"- y además blanco), finalmente tuvimos la oportunidad de restregarnos mutuamente y tener el sexo que se avistaba salvaje e irrespetuoso.
El día que pude besar y tocar a ese hombre; el día que pude ser besada y tocada por ese hombre sufrí uno de los mayores, llamemóslo así, "choques sexuales de mi vida": su pene es "oscurito"... ¡qué digo "oscurito", ¡ES NEGRO!
No es que yo sea racista, al contrario, me encanta todo aquello que tiene que ver con el "black power", de hecho, me apego 100 por 100 al dicho que expresa (en inglés claro está) "Once you go black never go back" en clara alusión al sexo con hombres negros... pero, vamos a ser sinceros, ¿no es claramente decepcionante encontrarse con algo "disonante" -por decir lo menos- en un momento de pasión "cochina y desenfrenada"? SÍ, LO ES, y a quien le ha pasado lo sabe.
Es como cuando los hombres van a la cama con una hembra y de repente consiguen un micro pene o, creyendo que la tipa está buenísima, ven que usa faja y le huelen mal los pies (u otros órganos)... Es imaginar miles de cosas, montar una fantasía, formarse una opinión para que, de repente, "pluf" se desvanezca todo.
Ese día que descubrí la duotonalidad, dicromía, bicoloridad pues, de Felipe, todas las ganas se me fueron por el caño. Pero lo peor pasó cuando al hombre se le ocurrió pedirme, como al final muchos tienen que hacerlo, que lo "ayudara", que lo "consintiera"; es decir, que le diera sexo oral.
En ese momento me subieron los apellidos a la cabeza y las náuseas a la boca, debo admitirlo.No sé cuántas vueltas le di, que le dije, pero el hecho es que ahí estaba yo, de rodillas ante ese enorme pene negro, casi obligada a meterme semejante fenómeno en la boca.
Un grandísimo pene negro, erecto, enervado, grueso y de cabeza rosada. En mi boca.
El aparato de Felipe contrastaba desagradablemente con el resto de su cuerpo, blanco y pecoso. ¿Cómo, bajo qué extraño influjo genético ese níveo señor puede tener un pene negro? "Hombre blanco de pene negro", imaginé por un momento que Felipe podría promocionarse en una página erótica. O: "Soy blanco pero tengo la dotación de un negro" (literalmente hablando).
El hecho es que, mientras Felipe estaba allí casi suplicándome que le diera lo que se merecía -extraño caso porque los hombres, en general, no tienen que pedirme que les dé una mamadita- yo evadía con destreza sus intentos de introducírmelo en la boca.
Cuando el lanzaba su vergajón a la derecha, yo movía mi cabeza a la izquierda y cuando lo llevaba hacia la izquierda yo iba hacia la derecha. Ese juego duró hasta que se me ocurrió una de las mejores ideas que he tenido.
Le dije que en realidad yo deseaba tenerlo en mi interior, en las posiciones más salvajes que a él se le pudieran ocurrir, que mi verdadera intención era recibir todo lo que pudiera darme y que, además, no podía esperar a tenerlo "cabalgándome".
¡Bingo! Así evadí mi extraño deber. Me puse de espaldas a Felipe, me dejé tomar con fuerza por la cadera, me preparé a recibir nalgadas y jalones de cabello, mientras levantaba mi culito en clara señal de aceptación.
Cerré mis ojos, olvidé que esa vaina era negra, recordé "ojos que no ven, corazón que no siente", me felicité por haber escapado de mis obligaciones sin tener que decirle que la paloma de la paz es blanca y no negra y aguanté, estoicamente, las más salvajes penetraciones jamás recibidas en mi vida.
En realidad, estoy orgullosa de mi entereza.

Introducción

Madresolterapregunta: ¿es realmente necesario hacer una introducción cada vez que se abre un blog? Espero que no. De cualquier manera ya mi perfil e introducción lo tienen mis amigos a través de la "experiencia" de tratarme y de mi msn space. Por ahora, el motivo para abrir un blog (que espero no abandonar como otras tareas) es publicar en un espacio propio los escritos que haga para LAE y la MaGa, para que no se pierdan en una página que no sea la mía, y el otro motivo es para descargar cualquier idea que tenga y que necesite ser expresada... Esto es todo... Mi introducción...